Los Papis es un grupo de amigos que se sigue eligiendo.
No porque sea fácil, sino porque vale la pena.
Porque en medio de semanas largas, responsabilidades y ruido, hay un momento en el que volvemos a ser nosotros.
La cancha no es un escenario. Es un punto de encuentro.
Un lugar donde nadie pregunta demasiado y todos entienden.
Acá no importa cómo venís, ni qué traés encima.
Importa que vengas.
Que estés.
Que compartas.
Hay risas que solo pasan ahí.
Silencios cómodos.
Cargadas que no lastiman.
Charlas que no se fuerzan.
El fútbol ordena el rato, pero lo que nos une pasa alrededor.
En llegar igual cuando cuesta.
En mirarnos y saber que seguimos ahí.
En sentir que no hace falta explicar nada.
Con los años, los partidos se mezclan en la memoria, pero el vínculo no.
Porque lo que queda no es el gol,
es el gesto.
No es el resultado,
es el momento compartido.
Los Papis no es un equipo.
Es una amistad que se cuida sin hacer ruido.
Y mientras sigamos apareciendo, aunque sea una vez por semana,
Los Papis va a seguir siendo lo que es.